Embajada de Portugal en España

Ministerio de Relaciones Exteriores

Discurso de S.Exª o Ministro dos Negócios Estrangeiros na apresentação dos actos conjuntos do V Centenário da Viagem de Circum-navegação, Madrid 1 de abril de 2019

El Viaje de Circunnavegación como inspiración para actuar hoy

Señora Vicepresidenta del Gobierno,

Señora Ministra de Defensa,

Señor Ministro de Cultura y Deporte,

Señor Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada,

Señor Profesor Álvarez Junco,

Embajadores, Autoridades, Señoras y Señores,

Entre 1519 y 1522 tuvo lugar el Viaje de Circunnavegación. Por vez primera en la historia de la humanidad, una expedición realizó la travesía marítima de tres grandes océanos, el Atlántico, el Pacífico y el Índico, volviendo al mismo punto de partida, Sanlúcar de Barrameda. Empezaron cinco naves y, tres años después, la nave “Victoria” cumplió el viaje. Partieron 239 hombres, regresaron 18.

La expedición fue organizada y financiada por el Reino de Castilla, y concebida y propuesta por un navegador portugués, Fernão de Magalhães. Este quería demostrar que era posible llegar a las Islas Molucas, ricas en especias, que suponía estar localizadas en el hemisferio que el Tratado de Tordesillas había atribuido a los españoles, por una ruta alternativa a aquella dominada por Portugal. Al mando de la flota, Magalhães descubrió el paso del Atlántico Sur hacia el Pacífico, a través del Estrecho que lleva su nombre, e hizo de una sola vez el itinerario desde el Pacífico hasta las Molucas. Son dos hechos notables de navegación y liderazgo. Muerto Magalhães en combate en la isla de Mactan, el mando de la expedición fue atribuido a otros oficiales, el último de los cuales, Sebastián Elcano, decidió regresar a España por el Índico, concluyendo así la vuelta al mundo. Siguió una ruta bien hacia el sur, evitando los barcos portugueses que dominaban la ruta más conocida y cercana a la costa, lo que constituyó otro hecho notable de navegación y liderazgo.

La decisión y los capitales empeñados en la expedición eran castellanos. El conocimiento que ello movilizó provenía de la cultura árabe, judía y europea, y fue desarrollada por italianos, españoles y portugueses. Los comandantes, pilotos y marineros participantes provenían de una decena de nacionalidades distintas. Fue un italiano, Antonio Pigafetta, su cronista. Y la ruta atravesó lo que hoy equivaldría a 11 países: Brasil, Argentina, Uruguay y Chile, en Sudamérica; Filipinas, Indonesia, Timor Oriental y Brunei, en el Sudeste Asiático; Mozambique, Sudáfrica y Cabo Verde en África.

Todos estos hechos y su significado para la historia de la humanidad es lo que queremos celebrar. Pero de un modo preciso: como una inspiración para nosotros, hoy, ante el mundo que nos rodea y las cuestiones a las que se enfrenta.

Es cierto que cada país, cada cultura nacional, cada institución tenderá a interpretar y valorar el Viaje a su manera, destacando las contribuciones específicas y señalando el relieve particular en la respectiva historia. Es también cierto que el apuramiento de los hechos, la explicación de los contextos y la determinación de los efectos siguen siendo materia de investigación y debate científico e intelectual, a cargo de los especialistas y sus comunidades. El quinto centenario debe ser una ocasión para estimular y apoyar este conocimiento, respetando las condiciones de rigor e independencia que le son inherentes. Por su parte, las distintas conmemoraciones nacionales, regionales y locales asumirán los aspectos y propósitos que mejor se correspondan con sus promotores y mejor se encuadren en sus memorias, tradiciones y simbologías.

Hablamos ahora de otro plano, complementario con los anteriores pero no reducible a ellos. Se trata, por un lado, de celebrar el hecho técnico, científico, económico y militar para el cual convergieron las múltiples iniciativas, saberes y protagonistas y que alcanzó a países y culturas de los dos hemisferios y de los cuatro continentes – uno de los mayores hechos de la llamada primera globalización. Y se trata, por otro lado, de procurar en ello enseñanzas y orientaciones para la acción colectiva contemporánea, en el marco de la revolución tecnológica y comunicativa y del proceso de globalización que hoy vivimos.

Por eso los Gobiernos de España y Portugal decidieron, al mismo tiempo que delineaban los distintos programas conmemorativos nacionales, establecieron también un programa conjunto de conmemoración, que se encuentra reflejado en la Declaración de los dos Gobiernos que hemos acordado. De la cual hacen parte la presentación de la candidatura de la Ruta de la Circunnavegación a Patrimonio Cultural de la Humanidad, la réplica del Viaje por los buques-escuela de las dos Armadas, la coorganización de una gran exposición cultural itinerante, la producción de una serie televisiva, la realización de un estudio conjunto entre los Institutos Cervantes y Camões sobre el valor de las dos lenguas, española y portuguesa, y la participación de Portugal como país invitado en la Feria del Libro de Sevilla de 2019. Los dos países establecen también la cooperación entre las respectivas embajadas en las actividades de celebración que tengan lugar en los demás países de la Ruta. Pero tal vez la actividad que marque más plenamente el significado de esta asociación entre nuestros países sea la de la conferencia internacional “Océanos, Conocimientos y Globalización”, a efectuar en Portugal y España en el primer semestre de 2021.

Ella combinará dos segmentos: uno que envuelve la sociedad civil, con relieve para el mundo académico y el sistema de tecnología e innovación; y otro político, con representantes de Estados al nivel de los respectivos poderes ejecutivos, y con un énfasis particular en los países unidos por la Ruta (europeos, sudamericanos, asiáticos y africanos), además de representantes de organizaciones internacionales activas en el ámbito temático en causa. La preparación de la Conferencia será dirigida por dos comisarios, español y portugués, copresidiendo una comisión organizadora conjunta. Se espera de la Conferencia un acervo de conocimientos y de know-how que pueda informar y cualificar las prácticas humanas en su relación con los océanos y la globalización, así como una declaración política que valore orientaciones de política pública y de cooperación internacional en estos ámbitos.

La idea es sencillamente beneficiarse de la Circunnavegación como fuente de inspiración para pensar, hoy, el futuro de los océanos y el futuro de la globalización. En verdad, la hazaña de Magalhães y Elcano hizo evidente la unidad del Planeta y de la humanidad que la habita; el valor para la acción social de las ideas y del conocimiento, de la ciencia y de la tecnología; el poder creador de la apertura a la innovación y al riesgo; la importancia de la movilización internacional uniendo en un esfuerzo común a gentes de distintos países, culturas y nacionalidades; y la enorme riqueza de los océanos como recurso colectivo. Pues bien, necesitamos todos estos elementos, hoy, y por ello tiene sentido conmemorar conjuntamente la expedición de hace 500 años con los ojos puestos en el presente. Porque necesitamos comprender que la Tierra es nuestra casa común; que todos formamos una sola Humanidad; que tenemos que cuidar sus recursos, en particular los mares y océanos; que para tal necesitamos de la ciencia y la innovación, de conocimiento y de iniciativa, lo que sólo se consigue con el concurso de muchos, de origen vario, pertenencia, condición e inclinación; y que es exactamente eso lo que queremos poner en práctica cuando valoramos las grandes agendas, instituciones y proyectos multilaterales, en concreto alrededor del desarrollo sostenible, del cambio climático, de la conectividad, del comercio e inversión justos, de la circulación de los saberes y de las personas. Lo que Magalhães empezó y Elcano concluyó es un buen punto de partida para esta nuestra tarea de ahora, vasta y apremiante.

Tenemos que conocer mejor el contexto, los medios y los resultados de lo que hicieron, y por ello es tan importante la vertiente científica de las conmemoraciones. Tenemos también que divulgar mejor, para que todos lo sepamos, y de ahí los viajes de los buques-escuela, de las exposiciones y de las películas y series, los programas en las escuelas. Tenemos que asumir íntegramente la naturaleza universal de sus hechos, y de ahí la candidatura a Patrimonio Cultural de la Humanidad. Y tenemos, además, que sacar beneficio de la historia, de la imagen y de la marca del Viaje para la promoción económica, turística e internacional de países, regiones, localidades, rutas y enlaces que, creo, nadie contestará.

Entendemos no obstante, nosotros los responsables por las conmemoraciones oficiales en las dos naciones ibéricas – y sabemos que estamos acompañados por muchos responsables de otros países de la Ruta, que también quieren valorar la dimensión universal del Viaje – que podemos y debemos interpretar a Magalhães y Elcano como punto de partida para pensar la regulación de la globalización y el aprovechamiento cooperativo y sostenible de los recursos comunes de la Humanidad. No como pretexto sino como fuente de inspiración. No para una celebración más o menos ritual sino como ocasión para pensar el futuro de los océanos y de otros recursos comunes, como deberá ser pensado: partiendo del conocimiento, en cooperación internacional (Norte-Sur, Sur-Norte y Sur-Sur), con agendas claras y responsabilidades compartidas, implicando academias, centros de innovación e instituciones políticas, mirando hacia el futuro que empieza hoy.

Muchas gracias.

Augusto Santos Silva

Ministro de Negocios Extranjeros de Portugal

Intervención en la sesión de presentación de las conmemoraciones luso-españolas del Quinto Centenario del Viaje de Circunnavegación, Madrid-Lisboa, 1 de abril de 2019

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