Embaixada de Portugal em Espanha

Ministério dos Negócios Estrangeiros

Discurso do Embaixador Francisco Ribeiro de Menezes em Pequeno - Almoço Informativo em conferencia organizada pelo ExecutivForum em 14 de março de 2019

Señor Consejero Delegado de Executive Forum, D. Cesar Chivas,

            Señor Director de Voz Pópuli, D. Jesus Cacho,

            Señor Director de Banca de Empresas, D. José Antonio Rodríguez Barreiro,

            Señora Presidenta del PSOE, Dª Cristina Narbona,

            Senhor Presidente da AICEP, Dr. Luís Castro Henriques,

            Embajadores, Señoras y Señores, Amigas, Amigos,

            Es un honor estar esta mañana con vosotros, todos protagonistas implicados en la relación entre Portugal y España. Dos Estados de derecho democráticos, que comparten la Península Ibérica. Dos Estados con largos recorridos históricos, con una proyección mucho más vasta, desde este rincón de Europa, que sus dimensiones geográficas. Que poseen lenguas y culturas universales y que, como hubiera dicho un ilustre predecesor mío, el Embajador Paulouro das Neves, han desarrollado “rituales deentendimiento” sobre los cuales construimos a cada día maduros lazos de amistad. Porque somos muy conscientes de los valores y los principios que nos unen.      

            Como diplomático, llevo muchos años volcado en esta relación. Creo conocerla en sus distintas declinaciones. Es cierto que un diplomático – lo escuché en Madrid, hace un par de años – es una persona que piensa dos veces y luego… se calla. Intentaré olvidarme del delicioso estereotipo corporativo para ir al grano de las cosas, hablando de tres dimensiones – la política, la económica y la de las percepciones mutuas entre portugueses y españoles.

            Empiezo por la política. España y Portugal son fruto, respectivamente, de una Transición y de una Revolución, de profundos y deseados cambios empezados a mediados de la década de 70, de la consolidación de consensos y de estructuras democráticas, del respecto por los derechos humanos, de la apertura a Europa y al mundo, de la afirmación de dos voces soberanas – y con mucho que decir – en el gran concierto de las naciones. Esos dos movimientos, que han tenido y siguen teniendo influencia recíproca, se tradujeron en un marco político y jurídico bilateral complejo, seguramente, pero destinado sobre todo a facilitar el diálogo y la comprensión.

            Disponemos de cauces discretos para resolver contenciosos y de mecanismos, como el de las Cumbres (son ya 30!), para repasar y evaluar resultados y para darle perspectivas de futuro, con nuevas iniciativas y programas, a nuestra relación. Empleo el concepto de madurez de forma deliberada. La relación política, en que los Jefes de Estado también juegan un papel determinante – pensemos en el extraordinario ritmo de los contactos a ese nivel -, no depende de la ideología de los Gobiernos de turno. La coincidencia programática que tenemos hoy entre Lisboa y Madrid no existía hace tan solamente un año. Los dos países tendrán elecciones legislativas en 2019. Pero podemos estar seguros de que, pase lo que pase, nuestras afinidades y nuestros intereses compartidos son perennes.

La solidez y la envergadura de nuestra relación, de nuestro vínculo europeo, de nuestro universalismo, son evidentes. Pero son, además, necesarios. En un mundo de riesgos y de retos, en una Europa conturbada y amenazada por populismos, en coyunturas económicas delicadas, las aportaciones de Portugal y de España tienen un peso proprio y especial. En menos de tres meses tendremos elecciones al Parlamento Europeo. Hace unos años, España y Portugal se enfrentaban cada uno a su crisis económica y financiera. A nadie se le ocurriría, entonces, que los Gobiernos de Alemania y Francia harían ahora llamamientos a la creación de un eje Berlín – Paris – Madrid - Lisboa? O que portugueses y españoles llegarían a ocupar puestos de tanto relieve en Naciones Unidas y en las Instituciones europeas? Esto tiene que hacernos pensar. No solamente en el éxito que, con grandes sacrificios, hemos logrado, sino también en nuestras responsabilidades como actores de la Europa que queremos – integrada, solidaria, próspera, humanista.

En Europa, nos toca tener visión y tender puentes. Nos toca igualmente defender la herencia de los fundadores y lo que todavía es – y creo que siempre lo será - el sentimiento de la gran mayoría de los españoles, de los portugueses, y de los europeos.        

En esta era de madurez, insisto, de entendimiento y de confianza, de reflexión y de búsqueda de ideas y proyectos, lo más importante para países como Portugal y España, sin olvidar que formamos parte de una periferia continental, es estar dentro de todas las formas de desarrollo y profundización del proyecto europeo. Como lo estuvimos desde nuestra adhesión hace 30 años, en la Acta Única Europea, en la Europa de la defensa y de la política exterior común, como lo estuvimos en Schengen, en Maastricht, en la ampliación de la Unión, en Tratado de Lisboa o en la aproximación que hemos logrado entre Europa y nuestros amigos y socios en América Latina. Como lo estamos en la transición ecológica y al pelear por la Unión de la Energía, en que somos pioneros, o al prepararnos para el tan infeliz Brexit.      

            A nosotros, a los europeos, y al resto del mundo, podemos enseñar lo que los dos Estados de la Península han hecho juntos – la cooperación política bilateral y multilateral, el desarrollo social y económico de sus sociedades, la profundización de la cooperación transfronteriza (porque las regiones que nos unen no pueden ser las más pobres de los dos países), la gestión compartida de recursos naturales como los ríos y las cuencas hidrográficas, la integración de nuestros mercados energéticos, la planificación de la inversión en las interconexiones físicas, la enseñanza de los dos idiomas, la cooperación entre universidades, en apuesta por el I+D+I (con resultados tan ilusionantes como el Instituto de Nanotecnología de Braga)… Podría continuar con el listado, pero espero que vuestras preguntas nos permitan profundizar un poco más estos apasionantes temas.  

            Señoras y Señores,

Un poco de economía, porque no solo de política desayuna el ser humano… Tras atravesar los años difíciles de una larga crisis, con un programa de rescate de gran exigencia para el Gobierno, las empresas y sobre todo para los ciudadanos y a las familias, Portugal ha logrado un cambio y una estabilidad política que se traducen en un progreso muy significativo.

            La evolución es verdaderamente positiva. Portugal crece, exporta más, crea empleo, distribuye más riqueza. De una forma sostenible. La economía se ha reequilibrado para orientarse hacia la exportación, incluyendo un sector turístico revitalizado, hacia la inversión privada, que se beneficia de un clima de negocios atractivo y de una administración facilitadora. Todo esto con un claro impacto en la balanza de pagos por cuenta corriente, en superávit desde hace varios años consecutivos.

            Entrando en los números. En 2017 crecimos un 2,7% y el año pasado alcanzamos el 2,2% (las mayores tasas desde el inicio del siglo XXI, con 19 trimestres seguidos de crecimiento). La tasa de paro bajó a niveles pré-crisis, menos de 7%. El déficit publico alcanzó el 0.6% en 2018 y llegará al 0.2% del PIB este año. Con superávits primarios, gestionamos y reducimos la deuda pública, con tasas y primas de riesgo históricamente bajas. Las exportaciones crecieron 11% en el 2017 y han aumentado su peso en el PIB, de menos de un 30% antes de la crisis al 44% en 2018. Pronto llegaremos al 50%.

Estos avances se reflejan en la competitividad. Las empresas reaccionaron a la crisis con determinación, invirtiendo en innovación, diseño, tecnología y en la modernización de equipos. Transformamos la internacionalización en oportunidad de crecimiento, demostrando notable resistencia y capacidad para competir en los mercados más exigentes. Como resultado, en sectores punteros (tecnologías o componentes auto o aeronáuticos) y sectores tradicionales (moda, productos para el hogar y el agro-alimentario), el valor portugués suma calidad, saber hacer y talento; flexibilidad, y oferta diversificada con precios muy competitivos.

            El éxito no es menor en inversiones. Ejemplos. El Web Summit firma su apuesta por Lisboa por 10 años más, potenciando un ecosistema de start-ups e innovación; Google selecciona Lisboa para su centro tecnológico en Europa, Oriente Medio y África y cuenta ya con 1300 profesionales; BMW inauguró ayer en Portugal un centro de ingeniería de software en joint venture con la portuguesa Critical Software; Mercedes crea su nuevo Digital Delivery Hub en Lisboa; Bosch abre un nuevo centro tecnológico para la conducción autónoma en Braga; Amyris invierte en un centro de I+D de biotecnología en Oporto; Natixis refuerza su centro de desarrollo tecnológico en Oporto; y la lista sigue con Siemens, Vestas, Volkswagen y otras invirtiendo en Ciberseguridad, I+D y desarrollo de software.

            Uno de los atractivos de Portugal es su gente; el talento formado por universidades que se incorporan a la cúspide de rankings internacionales en sectores como las escuelas de negocio, las ingenierías y las tecnologías; el dominio de lenguas, con el 80% de jóvenes que dominan al menos dos idiomas. Pero también lo son las infraestructuras de transporte y comunicación; la apertura y flexibilidad; la seguridad, el clima y una gran calidad de vida.

            Y España, para nosotros? Se consolida, año tras año, como el socio comercial más importante: es nuestro primer cliente y proveedor. Representan más de un cuarto de nuestras ventas de bienes al exterior y cerca de un tercio de las compras. El valor de los intercambios de bienes y servicios supera los 45 mil millones de euros. La relación es deficitaria para Portugal – pero teniendo en cuenta la diferencia de dimensión de las dos economías, estamos muy lejos de la cobertura del 45% de hace unos veinte años. Hoy, esa cobertura supera los 70%. La relación es equilibrada; no conozco término de comparación en Europa. Además, las exportaciones a España han crecido un 9% en el 2017 y un 6% en el 2018 (y7,6% en enero de 2019), con superávit en la balanza de servicios. Son más de 6 mil las empresas que venden a España. Por otro lado, España sigue exportando más a Portugal que a toda América Latina. Portugal es el cuarto cliente de España, solamente superado por tres países de otra dimensión - Francia, Alemania e Italia. Hemos superado al Reino Unido como destino de las exportaciones españolas.

            En cuanto a inversiones, Portugal es el país con el mayor número de filiales de empresas españolas en el mundo, con más de 2 mil empresas, muchas de ellas PYMES. en España existen unas 400 empresas con capital portugués, con grandes y exitosos grupos como GALP, EDP, SONAE, Luís Simões, Sovena, Logoplaste, Bondalti, Lactogal, Delta e Bial, e instituciones financieras como Novo Banco y Finantia.

            Por hablar de bancos - la presencia de bancos españoles en Portugal ha sido importante y ha desempeñado un papel determinante en la restructuración del sector financiero. Nos acordaremos de que alguna duda – bien más, reserva – se escuchó hace algunos años sobre los supuestos riesgos de un peso excesivo de los bancos españoles. Afortunadamente las cosas no son así. La experiencia ha sido buena y esos bancos se integraron bien, asimilando incluso culturas corporativas locales. Los resultados son, de verdad, buenos.    

            Nuestras empresas se conocen mejor. Lo demuestra un informe reciente, elaborado por la empresa portuguesa Winning Scientific Management, sobre oportunidades y retos de las empresas portuguesas que operan en España. Se concluye que consideran que son la dimensión, escala, agresividad y competencia el mayor reto y, a la vez, la gran oportunidad en el mercado español. Es curioso que la necesidad de gestionar diferentes niveles de administraciones (objetivamente un elemento que contrasta con la arquitectura administrativa portuguesa) no se considera una barriera relevante.

            Aquí llegados, la pregunta natural es: podemos querer más? Creemos que sí. Constatamos que la gran complementariedad de los tejidos productivos y el elevado grado de integración de numerosas cadenas de valor posibilitan oportunidades de negocio y de colaboración. Creemos en ello, en el espacio compartido de la Península Ibérica y en la Unión Europea, pero también en mercados lejanos donde se pueden generar oportunidades ventajosas para las dos partes, en América Latina, en África, en Ásia. Tema para otro desayuno…

            Para las empresas españolas, Portugal ofrece muchas oportunidades. Mencioné algunos sectores, pero existen muchos más. El agroalimentario, por ejemplo, que aúna tradición e innovación, ofreciendo excelentes condiciones climáticas y disponibilidad de agua y suelo y realidades como la del embalse de Alqueva, con su lago artificial y una extensión de regadío que llegará a las 170 mil hectáreas. Las energías renovables, sector en que somos punteros, con capacidad instalada que puede generar varios días de energía “limpia”. El turismo, con ingresos que van a doble velocidad del número de turistas, lo que supone mejor calidad, diversificación de destinos y de productos. A su vez, para las empresas portuguesas, el mercado español no ha alcanzado ni de cerca su punto de saturación.

En la era de la digitalización y de la Agenda 4.0, los compradores españoles e internacionales están sustituyendo proveedores lejanos por otros más cercanos a los grandes centros de consumo. Se valoriza la cercanía por permitir flexibilidad, plazos cortos, productos de calidad, competitivos y diferenciados, con las garantías que confiere el sello "made in the EU". La oferta portuguesa tiene, en distintos sectores, una propuesta de valor ganadora. AICEP apuesta fuerte, y con resultados, por presencias en ferias del hogar, de alimentación, moda, bienes de equipo, sanidad, tecnologías e innovación.

Valoramos el camino hecho y creemos que queda todavía camino por hacer para las dos partes. Renovamos aquí la invitación para que hagamos juntos ese viaje. Desde la Embajada y AICEP, estamos encantados de acompañaros y apoyaros en la exploración de más oportunidades de negocio.

            Señoras y Señores,

            Llego al tramo final. Percepciones mutuas. Como nos miramos, portugueses y españoles? Siguen existiendo fantasmas?

Empiezo con una breve incursión por el mundo de las lenguas y de la cultura. Para Portugal y España, es todo un mundo nuevo, lleno de posibilidades y de horizontes despejados, en el cual antiguos complejos y muros van siendo derribados. Nunca la cultura portuguesa fue tan conocida en España como ahora, nunca tantos escritores portugueses han sido publicados y leídos como hoy. Nuestra presencia como País Invitado en la Feria del Libro de Madrid de 2017, en la de Valladolid el año pasado o en la de Sevilla en 2019 es a la vez consecuencia de esa realidad y una semilla más para el futuro. Mantenemos una programación cultural activa a lo largo de cada año. No solamente en Madrid, pero por toda España. El éxito de exposiciones como la de Vieira da Silva y Arpad Szenes, en 2017, o la del Museo Reina Sofía sobre Fernando Pessoa y las vanguardias portuguesas (“Todo el arte es una forma de literatura”) el año pasado, son testigos de una curiosidad creciente del público español por nuestra cultura.

En cuanto a los idiomas – el panorama es risueño. El español y el portugués son hablados por unos 700 millones de personas en todo el mundo. Nuestra cercanía lingüística nos permite hacer más en conjunto. Existe una cooperación real en el marco multilateral y entre los dos Ministerios de Cultura y los Institutos Cervantes y Camões. Un dato más – serán unos 50 mil los jóvenes que aprenden portugués en España, sumando la red EPE (Enseñanza del Portugués en el Exterior), en el sistema público en cuatro Comunidades, las de la Raya (Galicia, Castilla y León, Extremadura y Andalucía) y vamos a más, en las Universidades y las Escuelas Oficiales de Idiomas. Me alegro con esto y es motivo de orgullo para todo nuestro equipo.

Pero… como nos miramos? Como nos vemos?

Todavía existen sectores de la opinión pública en Portugal que guardan alguna duda, algún recelo, hacía España. No lo ignoro. Estos sentimientos son alimentados por la idea – casi siempre empírica – de que nuestro vecino no se interesa por lo que sucede en Portugal, por su idioma – que no habla – o por su cultura – que no conoce. Sigue entre nosotros, como un minority report, la triste imagen de los pueblos que viven de espaldas, de dos pueblos que ignoran la Historia uno del otro.

No creo que esa lectura, quizás más entendible en otras épocas, siga siendo válida en 2019. Soy feliz testigo de un inmenso cambio, de un cambio que ocurrió a lo largo de los últimos 20, 30 años (o desde la adhesión a las Comunidades Europeas) y que todavía no ha terminado. España en su conjunto se vuelca sobre Portugal. Gobierno, Cortes, distintas Comunidades Autónomas, empresas y personas – la sociedad civil. Lo vemos en la prensa, lo vemos en el lugar privilegiado que Portugal ocupa como destino turístico de los españoles. Y no me olvido de la Corona, que siempre ha estado muy, y muy bien, presente.

En todo caso, permítanme un minuto para señalar un epifenómeno, término erudito para “algo raro”. Hace un buen par de años que trabajamos con España en las conmemoraciones del V centenario de la circunnavegación de Fernão de Magalhães – de Magallanes – y de Juan Sebastián Elcano, que zarparon de Sanlúcar de Barrameda en Agosto de 1519, bajo órdenes del Emperador Carlos I. Tendremos un programa conjunto, más allá de los nacionales, que será presentado pronto. Nunca ha sido nuestra la voluntad de usurpar lo que sea al respecto o de reclamar la “portugalidad”, entendido el término como antónimo de “hispanidad”, del proyecto. No haría falta pedir un informe. Porque esa historia si la conocemos, y sabemos muy bien quien hizo qué. Porque nunca hemos pretendido entrar en una estéril competición con España. No está en el ADN de nuestra amistad. Faltaría más… Lo que queremos es conmemorar la visión de esa aventura, inmortalizada por plumas como la de Stefan Zweig, el concepto de un mundo uno y interconectado. El futuro, el coraje de descubrir nuevas realidades, más y más riguroso conocimiento. El valor de los océanos, fuente de riqueza. Conmemorar los mejores rasgos de la humanidad. Lástima, y lo siento mucho, que ni todos lo entiendan. Lástima que, medio milenio más tarde, Magalhães e Elcano sean víctimas de fake news.  

La Historia no es profecía”, escribió Oliveira Martins en su “Historia de la Civilización Ibérica”, en siglo XIX. Y añadió que, en todo caso, “el estudio de las edades pasadas permite columbrar muchas veces las probabilidades futuras”. Yo veo muchas cosas buenas para la relación hispano-portuguesa. No hay que reescribir nuestra Historia compartida, pero si deberemos de ser conscientes de que nos estamos adentrando en un nuevo capítulo de nuestra amistad. Porqué? Ya lo he dicho y lo sigo pensando.

Hoy, portuguesas y portuguesas, españoles y españolas viajan al país vecino; conocen otras gentes, nuevos territorios y paisajes, gastronomías, tradiciones y culturas. Así nace nuestra curiosidad y la simpatía.

Las empresas identifican mercados, entran, invierten, se integran y en muchos casos tienen éxito. Así crecen nuestras economías.

Los políticos se encuentran, se entienden, hay mas acuerdo que falta de ello, se reúnen a menudo; aprenden a estimarse. Así hacemos bien la política.

Pero no conocemos, en términos generales y con ilustres excepciones, la Historia del otro. Es, en el fondo, como empezar otra vez. Esto se tornará más claro a medida que las generaciones más jóvenes tomen el lugar de las más antiguas.

            No tenemos una Historia de la Península Ibérica compartida, escrita y enseñada en común. Sería útil para algunos. Tal vez ahora eso sea posible. Incluso a través de la experiencia de vida de los dos pueblos, de la experiencia de sus vidas vividas en que el País vecino es una realidad cercana, una realidad normal, una realidad positiva. Nuestra prioridad tendrá que ser evitar el aparecimiento de nuevos e nocivos prejuicios que pueden resultar de engaños o tonterías. No hay más que trabajar en conjunto, ver lo que hicimos e imaginar todo lo que podemos hacer.  

            Espero que todo esto tenga algún sentido. Muchas gracias.  

Francisco Ribeiro de Menezes

Embajador de Portugal en España

Partilhar:
FacebookTwitterGoogle +E-mail